A TI:
Aquella tarde de domingo, aparecías en mis recuerdos, busqué entre mis fotos un retrato tuyo.
Quise olvidar aquel atardecer, el susurro de las hojas, el olor a flores recién plantadas, el suave y tibio viento que golpeaba mi rostro, tu mirada clavada en la mía y un adiós inesperado.
Veinte años pasaron, muchas cosas te diría, pero no vale la pena, porque sé, que tu perdiste algo más que tu libertad, perdiste ser amado de verdad.